viernes, 2 de octubre de 2009

Uy, me pasé

«Nueve soles», sugirió el taxista. «Está bien», me pareció buen precio hasta mi casa.

Subí y me abroché el cinturón de seguridad. Me encantaba el ambiente del carro porque el taxista solo manejaba y se escuchaba buena música; hasta que el individuo rompió la armonía: « ¿Y sales de trabajar, de tu casa, cómo es? », «Che… - pensé - , le chotearé la conversación de una. Quiero paz».

Se hacía el tonto: me hablaba, me preguntaba y me felicitaba, mientras que yo miraba como se pasaba las avenidas principales y atajos… « ¿Por dónde va a salir? », le corté con mi hacha, «Uhm, por acá, creo que ya me pasé, je», respuesta idiota. Se notaba sus ansias por hacer durar el viaje una eternidad y así, yo cayera en sus manos: « ¿Y cómo es tu día? », «A ti qué te importa», pensaba.

«Tal vez si vamos por acá, ¿te parece?, je», «Donde se salga más rápido a la avenida», reclamaba delicadamente.

Como el tipo me pareció pesado y no soporté su estúpida e ingenua conversación (en verdad me molestó), le dije que me dejara en la misma avenida cerca a mi casa. «Bueno, espera que te dé tu vuelto», buscaba en su bolsillo la moneda que terminaría con su ilusoria y corta relación entre él y yo. «Gracias», me fui con la imagen de una mujer civilizada, «Chau, maldito mañoso, sigue trabajando para tus hijos, desgraciado», estallaba por dentro.

Pero, ahora que estoy un poco calmada, recuerdo al hombre ése y me da penita.




martes, 22 de septiembre de 2009

El colegio ideal

Tratar de leer durante el viaje en combi hasta la universidad: error.

Subieron tres mujeres con ropa formal, cabello teñido y con esos bolsos negros brillantes que están de moda.

Sus voces, fuertes pero melodiosas, se metían en mi cabeza, en mi intento de concentrarme en lo que leía o, mejor dicho, trataba de entender cuando leía.

Eran tres criticonas profesoras de colegio, tres señoras chismosas. Concluí que, en ese dichoso colegio, nunca voy a poner a mis hijos. No.

Tomando ron, en la sala de profesores, yo llamé a Paty y le dije…

No me gusta Cívica, estoy harta…

“Si no están de acuerdo, las puertas están abiertas”, así mismo lo dijo…

Casi llegando a mi paradero estaban en el tema de por qué maldita sea deben vigilar durante el recreo a los demonios esos:

Entonces no puedo comer, no puedo descansar…




jueves, 17 de septiembre de 2009

Historias de un mapache

Lo sé, lo sé. No he escrito hace tanto...
En fin, estoy participando en un concurso: Primer Concurso Juvenil de Blogs Literarios, así que el mapache se muda a otro blog: historiasdeunmapache.blogspot.com

No lloren, por favor, será solo por un tiempito.

Envíen sus ondas postivas, prendan su velita, lean las nuevas crónicas en este blog, voten por mí y sean mis fans de toda la vida.

Suerte para mí.
Obvio, para ustedes también.

Mapache.

jueves, 20 de agosto de 2009

Vicio de vacaciones

Desde que terminó mi ciclo en la universidad, he sentido un relajante descanso, fuera de las responsabilidades que me atan.

Lo malo de esto es que subí de peso, claro, no solo celebré fiestas patrias, también estuvo la gran reunión por el cumpleaños de mi abuelita: la más más de la familia.

Desde hoy, justo hoy, comencé a hacer ejercicios. Es matador, pero igual lo hago. Aparte, ya me matriculé en la universidad y pronto la rutina caerá encima de mis noches de sueño.

Y, mientras todo esto ocurre, surge mi vicio como siempre, ahora que tengo Facebook, he descubierto varios juegos como Crazy combi, Waka waka y lo último: Pet society.

Es increíble cómo estos estúpidos y sencillitos juegos online pueden consumir hasta todo un día de mi descanso, que, por cierto, ya está por terminar.

PD: Tampoco me preocupa mucho dormir hasta “las once de la madrugada”.

Felices vacaciones.




martes, 11 de agosto de 2009

Inspirado en James Bond


La chica bonita, de tez blanca y suave, caderas definidas, busto inocente y la juventud altiva en su mirada, dejaba su asiento y se dirigía a la puerta del autobús.

El cobrador, de etílicos ojos vacíos, la miraba de pies a cabeza: «hermosa, hermosísima», dijo cuando la joven bajó de la combi.

Y como esas cosas pasan, la puerta del carro se atascó, un tornillito se salió.

«Mierda, mierda, espera, mierda», el cobrador trataba de jalar la oxidada puerta pero ésta no hacía caso.

«Nos quedamos encerrados…», pensaba al contemplar la burrada que sucedía.

« ¡Mierda! », el cobrador se desesperaba, los futuros pasajeros en el paradero se cansaron y voltearon la mirada hacia otra combi.

El chofer, otro tipo mañoso, estacionó el carro, se sacó el cinturón de seguridad bamba, salió de su asiento, apartó al cobrador de la entrada obstruida, midió rápidamente la fuerza que debía ejercer ante tal problema y… ¡Pam! arremetió una patada a la puerta, que volvió a su lugar, y el tornillo caprichoso que se había atracado cedió.

La puerta quedó como nueva, se deslizaba elegantemente, el cobrador la abría y cerraba como si fuera la primera vez que se conocían.

«Demasiado James Bond en la televisión», dije en voz baja antes de quedarme dormida.



domingo, 19 de julio de 2009

¡Chibolo por siempre!

Estos últimos días han sido grabaciones en diferentes lugares, y en muchos hemos trabajado con niños.

Paciencia me sobra ya que mi destino fue ser niñera voluntaria, y a veces por obligación, de mis tres primos. Pero algunos de mis compañeros desearían correr cuando llegan mocosos traviesos, inquietos y antipáticos.

Al niño, uno de los actores en nuestro cortometraje y que a nadie le caía bien, le tuvimos que comprar comida en Primavera Park Plaza y se comió toda la pizza personal. Quería quitarle pero no soy abusiva.

Es que con niños es otro mundo, aparte de que uno teme en malograrle el cerebro con alguna frase ofensiva: “conchasumadre, no hice el trabajo de mierda, y mi broder, puta, mi broder me va a cagar, porque no lo voy a acompañar hacer sus huevadas”.

Pero también hay otra clase de niños que viven rutina de adulto frustrado: hace varias semanas atrás, subió un niño de nueve años aproximadamente que vendía chocolates de Nestlé. Me llamó la atención dos cosas: era mediodía, ¿no estudia?; y que estuviera usando el uniforme de trabajo de la fábrica. ¿Acaso Nestlé no puede darse un tiempito para controlar cosas como éstas? Porque de esa manera promociona el trabajo infantil.

Tal vez ese niño llegue a ser como la gente renegona que me tocó soportar en una combi por la avenida Arequipa. Todos inventaban, como nunca, una excusa para gritarle al cobrador, y éste junto al chofer para fastidiar a los pasajeros.

Contemplando la selva que se armó dentro del carro, me di cuenta que la gente, especialmente las mujeres, no sabe entender que paradero no es cualquier esquina, sino donde hay un letrerito de color azul que dice “paradero”.

Por eso, llego a la conclusión que hay días en que desearía ser chibola, o chibolo por siempre, sin preocuparme de nada, ni siquiera de la hora que es y comer chocolate sin saber que trabajo para ellos.