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martes, 11 de agosto de 2009

Inspirado en James Bond


La chica bonita, de tez blanca y suave, caderas definidas, busto inocente y la juventud altiva en su mirada, dejaba su asiento y se dirigía a la puerta del autobús.

El cobrador, de etílicos ojos vacíos, la miraba de pies a cabeza: «hermosa, hermosísima», dijo cuando la joven bajó de la combi.

Y como esas cosas pasan, la puerta del carro se atascó, un tornillito se salió.

«Mierda, mierda, espera, mierda», el cobrador trataba de jalar la oxidada puerta pero ésta no hacía caso.

«Nos quedamos encerrados…», pensaba al contemplar la burrada que sucedía.

« ¡Mierda! », el cobrador se desesperaba, los futuros pasajeros en el paradero se cansaron y voltearon la mirada hacia otra combi.

El chofer, otro tipo mañoso, estacionó el carro, se sacó el cinturón de seguridad bamba, salió de su asiento, apartó al cobrador de la entrada obstruida, midió rápidamente la fuerza que debía ejercer ante tal problema y… ¡Pam! arremetió una patada a la puerta, que volvió a su lugar, y el tornillo caprichoso que se había atracado cedió.

La puerta quedó como nueva, se deslizaba elegantemente, el cobrador la abría y cerraba como si fuera la primera vez que se conocían.

«Demasiado James Bond en la televisión», dije en voz baja antes de quedarme dormida.



lunes, 30 de marzo de 2009

Fin de semana

Viernes de terror.
Mi prima, mi enamorado y yo fuimos a ver REC. Qué miedo.

Nos vimos obligados a ir al cine de Risso porque en otros locales de Cineplanet ya no pasaban la película. Era eso o nada.

Si a las nueve y diez de la noche comienza la función, se supone que los trailers de los próximos estrenos deben estar entreteniéndonos desde hace quince minutos, pero la pantalla estaba muerta. Recién a la hora fijada, la pantalla se iluminó, las luces se apagaron y el escenario para ver una película de terror de maximizó.

- No quiero que empiece la película.
- Qué feo
- Canchita, canchita.

REC comenzó. Cumplió con el objetivo: nos hizo temblar, movernos a cada momento de nuestros asientos, acomodarnos para abrazarnos, evitar que esos zombies salieran de la pantalla, que nos persiguieran por las calles y nos comieran.

- Qué chévere.
- Hay que verla de nuevo.
- Se nota que está hecho por fans, qué buena.

Batería seria, muy seria.
Si Tego Calderón fue a los barrios del Callao sin ser agredido. Si Calle 13 menciona La Perla en sus canciones sin ser marcado. ¿Por qué yo no puedo también hacer lo mismo?

El sábado acompañé a mi enamorado a una reunión de amigos de su colegio en Bellavista - Callao. «No te preocupes, es tranquilo. Es igual que tú vayas a San Martín a visitar tu abuelita», ahuyentaba mis temores.

Llegamos a la casa de su amigo, Mario, antes que comience “La hora del planeta”: apaga tus luces y muchos aprovecharán. «Compra maíz para hacer canchita», le dijo su padre a Mario. «Vamos», lo acompañamos. «Regresen», volvimos a la entrada de su casa. Un tipo rondaba la zona.

Ocho y media de la noche. Varios muchachos, con polos largos y anchos, movimientos de hombros y piernas exagerado, y dando vueltas a la cuadra, aparecieron. Algunos nos miraban y seguían caminando.

Uno, dos, tres. Con auto, en grupo. Vi muchos. El serenazgo pasó por allí y luego vino a nosotros para preguntar: « ¿Han visto algo? »

Ya lo tenemos. Está robando a una pareja. Vayan a la avenida, la radio de uno de ellos contaba lo que sucedía. Nosotros, oídos muy atentos.

Media hora después: «Ya vamos», dijo Mario. Las calles ya estaban un poco mansas.

Predicciones del fútbol.
Papá está descansaba en una tarde de domingo. «Veamos el fútbol», cogió el control remoto y cambió de canal.

Comenzó el partido: Perú vs. Chile. A los pocos minutos: «Gol de Chile…, cuenta el narrador de fútbol triste, desanimado, decepcionado, amargo, con ganas de golpear a esos hijos de ****, malditos, que se vayan a la… MISMA.

«Perdieron», concluyó mi padre. De nuevo cogió el control remoto y puso una película de Cantinflas, donde es un policía y es muy gracioso.



* Y no ví ningún heladero y no compré ningun helado.

viernes, 13 de marzo de 2009

Entre tanta chica linda

Entre tantas chicas con mente limitada y moda como religión, me encontraba junto a mi amiga y su prima. Gritaban como si en verdad estuvieran frente a un grupo juvenil del momento, nosotras teníamos vergüenza ajena: «Ya, hay que gritar: Aldo, te amo», una armaba la estrategia. «Ya, ya, pero fuerte», la segunda alentaba al equipo. Y la tercera y última hacía lo que se decía: « ¡Aldo, te amo! », aplaudían como las focas cuando comen su pescado fresco.

El viernes decidimos ir en grupo al programa “Enemigos íntimos”.

« ¿Cuántos años tienes usted, señorita? ». «18». «20». «19». «17». «Pasé acá», le indicó uno del personal de seguridad del canal a una escuálida niña. Pasa un conocido de la chica, trabaja en el canal: «Déjala entrar…». «Pero sólo lo hago porque él me lo pidió, sino…», y la expresión en la cara del personal de seguridad terminaba de decir: …te mato, maldita.

Media hora después, el público -la mitad- ya estaba en el set del programa. Desorden total. «Señoritas, suban… por qué han venido tantas mujeres…», bromeaba el chico de producción que trataba de acomodarnos. Éramos muchas mujeres, pocos hombres y todos sentados en el suelo para quedar como caballeros.

La hora y media pasó rápido: tratar que todas quepamos en los asientos, entre bromas, peleas por conseguir un polo talla S y no M porque ay, se me ve feo. Y llegaron Aldo y Beto. «Allí están». «Uh… ah, aplausos». « ¡Te amo, Aldo! ». « ¡Beto ven…!». Aplausos y gritos.

El primer invitado, luego de un reportaje, fue Carlos Álvarez. « ¿Qué dice? ». «No entiendo, pero ríete nomas…», quemaban sus lindas cabezas las chicas del público. «Yo he venido por Adammo», me contaba una fanática de este grupo musical. « ¿Van a venir? ». «¡Sí, y son lindos!». « ¿Lindos? A ver el poster». « ¡Ah…!», se emocionaban.

«Bitch, bitch, bitch», se reían las jovencitas cómplices: «Bitch, bitch», insultaban a escondidas a las bailarinas de pool dance, que se presentaron en el programa. « Ag… que asco», decía la chica de mi costado: « Pero mira su celulitis. Ag…», me fundamentaba su gesto despreciable.

Como eran puras mujeres, los aplausos hacia las bailarinas disminuyeron, y los chicos de la producción hacían las barras y halagos cuando las invitadas se movían sensualmente en la barra.

Último bloque del programa. « ¡Adammo! ¡Adammo! ¡Adammo! ». Euforia, los Beatles en sus buenos tiempos, pero esta era una versión pequeña y fea. Los integrantes de la banda tenían apariencia de chibolos pero algunos ya habían cumplido los veinte años. El baterista era el más figuretti: sacaba la lengua mientras tocaba; las mujeres se abrazaban a este órgano seductor en su imaginación. « ¡Diego! ¡Diego, ven! », la chica de mi lado casi lloraba: « ¡Ven! ¡Yo hice esta pulsera! ¡¿Te acuerdas?! ». El chico solo contestó: «Afuera conversamos ¿Te parece? », la chica se derretía en sudor y nervios.

Gritaban el coro de la canción, ya no lo cantaban, gritaban. El programa terminó pero el publicó creía haber estado en un concierto. Todas las chicas alborotadas, corrieron para conseguir una foto con ellos y mostrarlo en su facebook: a mí me abrazó. A mí me tocó. A mí me dio un beso en la mejilla. A mí me habló.

« ¡Un momento! », la fantasía se derrumbó. El personal de seguridad acabó con los sueños hechos realidad. « ¡Todos salen en orden! », asentaban sus cabezas antes las órdenes. Obedecían a cualquiera con tal de poder alcanzar a sus nuevos ídolos de la música.

Yo, con el grupo que fui al programa, salimos felices porque teníamos premios: bizcocho de chocolate y entradas a un concierto. Concierto de Marc Anthony. ¡Concierto de Willie Colón!

Y un día antes del concierto, Willie Colón cancela su show y solo queda Marc Anthony para la Salsa de película. Ni de vainas fui.




* Ojalá que en esta imagen no reconozcan ninguna amiga koreana o autraliana xD. Y si alguien se sintió ofendido, 583 disculpas.

jueves, 22 de enero de 2009

Hellboy y los comerciales




« ¡Wuju! », grité de felicidad. En el canal trece darían, en el Peliculón -segmento donde pretenden transmitir películas en “estreno”- ¡Hellboy! Darían Hellboy. Claro, la primera película. De todas maneras: « ¡Wuju, Hellboy! », algo bueno por ver en la televisión.


La ilusión se desvaneció desde los primeros minutos.

Entre las diez y casi las doce de la noche, Hellboy era prácticamente los comerciales de detergentes, gaseosas, promociones de verano... A veces cambiaba de canal en esos momentos, porque fueron muchas publicidades. Sin embargo, era más aburrido: noticias trágicas, reportajes triviales, películas de algún lugar desconocido, un señor que dice ser pastor…

Estaba harta. «Pero… ya terminaron los comerciales, está dando Hellboy »:

Grigori Rasputín está abriendo el portal y va a despertar a los siete dioses del caos. La batalla entre los nazis y las fuerzas americanas termina. El profesor Trevor Bruttenholm pide a los soldados que revisen el área. El profesor junto a otro soldado encuentran una pequeña criatura roja. Bruttenholm le ofrece chocolates al pequeño mostro, ganando su confianza. Los soldados, el profesor y la criatura, es decir, Hellboy, se toman una foto. Y entonces…

Trufas de Lamborgini… Este miércoles a las nueve… Solo para incomprendidos… manda un mensaje al 5555 y tendrás los mejores consejos para revivir la pasión con tu pareja…

Comerciales. Me cansé de coger el control remoto y apretar los botones de chanel + o chanel - ; y mejor que eso, controlé el tiempo de la tanda comercial con el cronómetro de mi celular. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho largos minutos. «Oh, comenzó Hellboy…», desperté de mi aburrimiento:

Liz está internada, ya puede controlarse, es lo que le confiesa a Hellboy. Sin embargo, las fuerzas del mal vuelven y despiertan los poderes de Liz, lo que provoca que destruya el lugar donde vivía pacíficamente. Y entonces…

Ahora con Pantene gana lindos bolsos, muchos pantenes gratis… Saca las machas… Sapolio, con Sapolio ¡Sí!... Red global… estamos trabajando por una mejor…

Estaba dudando si ver toda la película; aunque, al parecer, mis súplicas fueron escuchadas o quizás, a partir de las doce de la noche, ya no es buena hora para pagar un espacio en la televisión para promocionar tu producto. Cual sea el motivo, los comerciales disminuyeron y Hellboy se volvía más emocionante.

Hellboy terminó a la una. Fueron dos horas de tandas comerciales y una película que no dieron completa, porque al final de los créditos, aparecía otra escena. « ¡Qué trafa! Mejor me compro mis DVD´s », renegaba mientras me iba a mi cuarto.

Si quieren combatir la piratería, que se esmeren en transmitir mejor las películas. Como dice la chica de mazamorra Negrita: « ¡No se pasen, pues!»