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jueves, 20 de agosto de 2009

Vicio de vacaciones

Desde que terminó mi ciclo en la universidad, he sentido un relajante descanso, fuera de las responsabilidades que me atan.

Lo malo de esto es que subí de peso, claro, no solo celebré fiestas patrias, también estuvo la gran reunión por el cumpleaños de mi abuelita: la más más de la familia.

Desde hoy, justo hoy, comencé a hacer ejercicios. Es matador, pero igual lo hago. Aparte, ya me matriculé en la universidad y pronto la rutina caerá encima de mis noches de sueño.

Y, mientras todo esto ocurre, surge mi vicio como siempre, ahora que tengo Facebook, he descubierto varios juegos como Crazy combi, Waka waka y lo último: Pet society.

Es increíble cómo estos estúpidos y sencillitos juegos online pueden consumir hasta todo un día de mi descanso, que, por cierto, ya está por terminar.

PD: Tampoco me preocupa mucho dormir hasta “las once de la madrugada”.

Felices vacaciones.




domingo, 26 de abril de 2009

Ojos discriminadores



La niña, como la describirían muchos: pequeña burguesa, futura derechista o feminista afrancesada; está sentada correctamente. Espera junto con su familia los pedidos que han hecho en un restaurante especializados en comidas arequipeñas, es un domingo familiar.

Hermoso ángel del Señor, recibe las miradas coquetas e ingenuas de un chico que está allá afuerita del local, con sus demás hermanitos, penita dan, tocando canciones lastimeras, recordando al provinciano trabajador y a la madre muerta.

La damita de carne blanca y pálida debe aguantar, según ella, esos ojos negros envueltos en piel tostada por el sol durante las mañanas, tanto de Lima como una vez lo fue en la sierra, en su pueblo natal, entre ríos celestes y cabañitas sencillitas, imaginamos nosotros.

La familia ahora come. Fueron impacientes con el servicio del restaurante y están emocionados educadamente al tragar las delicias que el pobre muchacho, allá afuera las ha visto solo por televisión. Y sigue mirando, qué horror, sigue mirando a la menor de esa familia.

De repente la vista de la niña se engríe con otros ojos de color caramelo y las mismas características de un principito azul, es una telenovela, un joven sin preocupaciones por desarrollar el cerebro, sino el físico, la apariencia y la actitud para persuadir. La niña dulce y querida coquetea con esa mirada, según ella y de otras opiniones, mirada de su nivel, de su altura, de su misma clase de ignorancia.

Discrimina. DISCRIMINADORA. Niña mala, niña racista, niña convenida, futuro de esta sociedad atorada de imágenes vacías. Se hundirá junto a esas personas que no traspasan el tiempo a cambio de vivir ricamente. Y sabe muy en el fondo que morirá llena de nietos, gorda y en un colchón repleto de zapatos.



sábado, 11 de abril de 2009

El secreto de mamá

Olvídense del Ajinomoto, disque hecho de huesos de animales. Tampoco es el tuco que se puede utilizar como tinte para ropa. Menos son los cubitos Maggi que le dan sazón a la comida peruana.

Chocolate Winter se quedó en los tiempos de mi abuela. Sibarita, condimentos Carmencita y concentrado de pollos, carnes y cerdo, y la novedad en pescados: no. ¡No es ninguno de esos polvos mágicos que según una chiquita podemos echarle a la leche y quedará rico!

No.

- ¡Mamá, le estás echando kétchup a la sopa!

- Sí, sabe bien.